''AUTOBUSES QUE FUNCIONAN MÁS GRACIAS AL PIS''
Allá por 2004,
cuando la UE empezaba a acotar algunas normas comunitarias, hubo una
referente a las emisiones de los camiones que no gustó en el sector: las
exigencias de reducción contaminante hubieran parecido inasumibles años
antes... pero por aquel entonces ya se conocía la solución.
Se trataba de la urea, un compuesto que los mamíferos y algunos otros
seres vivos fabricamos de forma natural y que es el resultado final de
la catalización de las proteínas. De hecho, la urea está sobre todo en
nuestra orina.
Estas propiedades inesperadas de lo que tu organismo expulsa son
variadas. Para empezar, no es tóxico, ni corrosivo a la mayoría de
materiales, se mezcla bien en agua, es seguro de transportar, no es
precisamente escaso... y, en la combustión de los gasóleos, se muestra
como un eficaz aliado. No sólo contribuye a reducir las emisiones
contaminantes en más de un 5%, sino que reduce el consumo de
combustibles.
La explicación técnica es que la urea a altas temperaturas genera
amoniaco debido a la alta concentración de nitrógeno que tiene, y eso
'sustituye' parte de los compuestos contaminantes por nitrógeno y agua.
Maravillas de la química. Si a ese proceso se le añade un filtro de
partículas y un buen catalizador, el impacto ambiental de un gran
vehículo se reduce sensiblemente.
Por si lo anterior fuera poco, un depósito de urea dura veinte veces
más que uno de gasolina y, encima, es un compuesto muy barato. Bueno,
mejor dicho... era barato, hasta que se descubrió lo que podía hacer por
la industria del transporte.
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